viernes 18 de mayo del 2012

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Ana Pagán o la inagotable riqueza

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Las quinientas familias residentes en El Bajo y Barriada Lamboglia cuentan con una rica tradición comunitaria. Entre los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, se expropió un latifundio y los terrenos se dividieron en parcelas. Los vecinos construyeron casas y un centro comunal mediante un programa de esfuerzo propio y ayuda mutua. Ya entonces las comunidades de este sector de Patillas estaban organizadas.Ana_M._Pagn

En Lamboglia nació Ana M. Pagán, presidenta de la Asociación pro Desarrollo Comunitario de Bo. Bajo-Lamboglia Inc. Ana es hija de dos líderes comunitarios. Fue una de siete hermanos. Su madre era el pilar de la familia. Además de ocuparse de la crianza de los niños, cosía toda la ropa de la familia, desde la ropa interior hasta los trajes de domingo. Su papá era trabajador agrícola.

"Papá era zanjero. Preparaba y mantenía los canales que recibían las aguas que vienen de la montaña y se usan para riego. Trabajaba en los terrenos que hoy pertenecen a la Reserva Punta Viento. En verano yo le llevaba su almuerzo en una fiambrera. Mamá hacía jugos y dulces de todas las frutas, de la acerola, de la grosella, de jobos, de guayaba. Hacía casabe. De mi abuela heredó el conocimiento de las plantas medicinales. Ella curaba a todo el mundo. Nosotros nunca fuimos al hospital." 

A Ana le gustaba pasearse por los terrenos de Punta Viento. Su padre le advertía que allí había espíritus de mujeres que eran mitad peces, y que si las escuchaba se iría para no volver.  "Si las escuchas –le dijo- desapareces y no regresas."

Ana si partió, con su esposo, un militar, a vivir en Pennsylvania, donde se involucró en deportes. Cuando había equipos visitantes cocinaba para cien personas. Luego se mudaron a El Salvador, donde él trabajó en la embajada de los Estados Unidos. 

"Donde yo desarrollé más mi amor y pasión por la comunidad y por ayudar al prójimo fue en El Salvador. En el '92 a mi esposo lo mandaron para allá. Yo no puedo estar en casa sin trabajar. Entonces conseguí unos contactos en un orfanatorio y en el Museo de Arqueología, donde trabajé como voluntaria. Siempre me ha encantado la arqueología, desde que era chiquita, desde que tuve conocimiento de las sociedades indígenas. Me pasaba escarbando por la playa, a ver si encontraba algo."

No contenta con sus incursiones en la museología, se comunicó con unas monjas que administraban un orfanatorio donde vivían noventa niñas, desde bebés hasta jóvenes de 18 años. Las niñas mayores se quedaban ayudando cuando no les conseguían trabajo. Ana servía de enlace con los empleados de la embajada para conseguir lo que necesitaran: champú para matar piojos, ayuda para reparaciones de la planta física, regalos de Reyes y becas de estudios para las niñas víctimas de la guerra. Dedicaba dos días al orfanatorio y tres a sus labores en el museo. Aprendió a restaurar lienzos y participó en la restauración del Palacio Nacional.

No sabe qué habrá sido de las niñas, pero sí está segura de que muchas salieron adelante. Y espera que se hayan contagiado con la misma devoción que la llevó a ella a interesarse por su destino.

"Un matrimonio ayudó a una de las niñas. El hombre me dijo: "Usted siempre va a estar en la mente y el corazón de esas niñas. Nunca se van a olvidar de usted. Usted va a seguir su rumbo y tal vez no volverá a verlas, pero ellas no la olvidarán. Se lo digo porque yo estuve en un orfelinato. Yo fui uno de esos niños y nunca olvidaré a las señoras que nos visitaban y nos llevaban regalos".

Cuando su marido se retiró y Ana volvió a Patillas, su primer trabajo comunitario fue adoptar un tramo de carretera frente al restaurante que es propiedad de su hermana, El Mar de la Tranquilidad. Desde hace siete años es la presidenta de la Asociación.

El historial de las actividades de la organización es largo y abarcador: la co-fundación del Frente Ambiental Amigos de la Naturaleza y las movilizaciones que culminaron en la designación de la Reserva Punta Viento; clínicas de salud; talleres educativos; fiestas de días de logros; cenas para los menos afortunados; fiestas para las madres y los padres ejemplares; planes para situaciones de emergencia; un fondo de donativos para las familias necesitadas. También hacen actividades de recaudación para familias y personas necesitadas. Su proyecto actual es ofrecer tutorías en español, inglés, matemáticas y computadoras para niños y jóvenes en un residencial del pueblo y en su centro comunal de Lamboglia, el mismo que fue construido hace más de medio siglo por los fundadores de la barriada. Entre ellos estaba su padre, que era el tesorero del comité. También los niños, que acarreaban agua para la construcción en latitas de agua. Ya se habían edificado las casas comunales, así llamadas porque todo el mundo trabajaba en la construcción de la casa propia y las de los vecinos. Ana tiene la experiencia histórica que la acredita para hablar con autoridad sobre las bases de una comunidad y las características de un líder comunitario.

"La comunidad tiene que estar unida para que podamos tener más desarrollo social. El líder comunitario debe ser una persona abierta, que no discrimine contra personas o grupos, que no se envuelva en la política partidista, que tenga planes a corto y a largo plazo. Cuando uno hace estos trabajos comunitarios la paga es la satisfacción que sentimos con la felicidad de la gente que ayudamos."

A Ana le fascinan las antigüedades. Las cosas de otro tiempo le recuerdan el pasado, la felicidad de su infancia. Es madre de cinco hijas y practica el buceo. Desde su casa se ven, muy confiados, los manatíes.

Su padre le habló de unas mujeres mitad peces, peligrosas como las sirenas. "Si las escuchas –le dijo- desapareces y no regresas." Ana sí las escuchó y aprendió sus secretos, pero aun así regresó a su barrio, donde hizo su mundo sencillo y espléndido a la vez, porque hay riquezas inagotables. Las de Ana son de ese tipo: la imaginación, la inteligencia, el amor a las personas y a los objetos que encierran las historias de las personas que los crearon; eso que le queda por dentro cuando la buena comunicación y el trabajo iluminan el mundo.

Comentarios  

 
0 #1 Ana Lago Guayama 18-11-2010 17:28
Querida amiga:
Que bueno que te hagan este reportaje. Pero no has incluido que tocas el barril de Bomba y que tambien bailas. Que Dios te siga colmando de bendiciones de mucha salud para que sigas realizando esta hermosa labor. Un abrazo de tu amiga, Ana Lago
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