¿Cómo podemos volver a la sensibilidad?
Cuando éramos niños nos fascinábamos con cualquier objeto, con ver el mar, los animales y hasta los mismos juguetes eran todo un acontecimiento. Recibir una visita de un familiar era la mejor parte del día. Recordemos cuando conocer amigos/as nuevos/as era algo completamente divertido y salir de paseo con la familia era toda una aventura. Podemos ser como los niños y encontrar el camino de vuelta a la sensibilidad.
La sensibilidad es una destreza, es una actitud hacia la vida. Nos devuelve la capacidad de sorprendernos, de ser meticulosos observadores y de vivir intensamente. En el juego de las relaciones humanas tenemos todos una invitación latente a S-E-R sensibles. Aquí unas pistas para que encontremos el camino.
No hay que llorar en todas las películas emotivas, ser extremadamente emocional o quedarse desojando margaritas por el amor que ya no está. ¡Para nada!
Volver a la sensibilidad, es rescatar aquella persona que está atenta, alerta a lo que está viviendo. Una persona sensible es agradecida, extraordinariamente observadora. Utiliza todos sus sentidos: toca, huele, ve, escucha y degusta, y hasta tiene desarrollado el llamado sexto sentido, la intuición.
En una invitación a hacer empático/a con el “otro/a” igual o diferente a él o ella, las personas sensibles sienten compasión y entienden a las personas desde su humanidad. Generan ideas, oportunidades, son tiernos y creativos. Cuidan su familia y al planeta. Se distinguen porque no pierden la capacidad de sorprenderse, independientemente de la cotidianidad de los eventos.
Son personas sencillas, amables con ellos mismos y con los demás. Mantienen su sentido de humor hasta en los peores momentos. Asumen la compasión como parte de su estilo de vida, sin caer en la irresponsabilidad. Viven de manera integral, conectando su mente, alma, cuerpo y espíritu. Las personas sensibles celebran la humanidad y lo vulnerables que somos todos.
Te invito a que tomes un poco de tiempo para ti, para que estés a solas, contigo mismo/a. Para que escuches tu música favorita o hagas lo que más te gusta hacer, y te relajes. Date la oportunidad de mirar a los ojos a tus hijos y seres queridos (¡sólo por tres minutos!). Te invito a que la próxima vez que vayas a tu trabajo, pidas a alguien que conduzca por ti y te reglaes la oportunidad de mirar por la ventana las maravillas del camino, que con la cotidianidad de la rutina se habían escondido a tus ojos automatizados. Encontrarás cosas maravillosas. Y el resultado será que mejorarán tu comunicación y tus relaciones.
Hablando la gente se entiende, ¡si aprendemos a hablar!
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