
Tras el fuego en la refinería Gulf en Cataño, las autoridades gubernamentales evacuaron durante la madrugada cerca de 350 personas de esa comunidad y les dieron refugio en el Coliseo Cosme Beitía Salamo de Cataño. Ya para el mediodía, la cifra de refugiados bajó a 160, porque se fueron a casas de familiares, según datos ofrecidos por el gobernador Luis Fortuño en conferencia de prensa.
A unos metros de donde se produce el fuego, se encuentra la comunidad Puente Blanco, una de tantas que han sido desalojadas por el problema de contaminación y el peligro que representa la cercanía con el siniestro. Allí reside Margarita “Mingui” Montalvo lideresa de su comunidad y quién, desde su refugio en casa de su hija en Trujillo Alto, relató su experiencia para Prensa Comunitaria.
“Yo creía que la casa se me iba a caer encima. Fue como si se fuera acabar el mundo. Cuando escuché la explosión, corrí hasta el cuarto y mi esposo estaba en el piso tira’o. Abrí la puerta y todo el mundo estaba gritando. Fue una cosa horrible. Rápido sacamos los carros y fui a despertar a mami, la cambié de ropa y la saque en su andador. De camino, vi como todo el mundo iba corriendo: niños descalzos y sin camisas con sus mamás, en batas. Los guardias estaban sacando gente, entre ellos muchos viejitos que fueron sacados en sillas de rueda de sus hogares. En mi casa todavía tengo todas las figuras y cuadros en el piso… una experiencia bien brutal. Ahora en Puente Blanco no hay nadie”, dijo Montalvo aún impresionada.
Sin embargo, el miedo no inmovilizó a todos. En medio de la conmoción, Marciano Santana, esposo de Montalvo y empleado del Departamento de la Vivienda en Bayamón, permaneció en el lugar como voluntario para ayudar a las demás familias a desalojar las residencias y para colaborar en lo necesario en el refugio que se estableció en el Coliseo de Cosme Beitía Salamo de Cataño.
Por su parte Pedro Carrión, presidente de la organización de base comunitaria, educativa y ambiental, El Corredor del Yaguazo de Cataño y residente de la comunidad Juana Matos, también permaneció por largas horas como recurso de apoyo de las autoridades en el desalojo de los residentes de su comunidad.
Para Carrión, la mayor urgencia es sicológica. “En estos momentos, lo más apremiante es brindarle ayuda sicológica a los residentes, especialmente a los niños que han vivido una experiencia no muy agradable”, sentenció.
Sobre el daño ambiental que preveen para el sector, Carrión dijo que aún se encontraban en compás de espera y que las prioridades en el momento son los residentes y la comunidad. “Hemos sufrido daños materiales, pero gracias a Dios no ha habido pérdida de vida que es lo importante. Hay unas casas con más daños que otras. En mi casa se cayeron los plafones y se rompieron algunas lámparas y tenemos información de que algunas estructuras se han visto afectadas con aparición de grietas y puertas y ventanas que explotaron y se abollaron”, informó el líder.
No obstante, tanto para Montalvo como para Carrión, es claro que habrá un daño ambiental que impactará la flora y fauna de área tales como el Caño Malaria y otras, así como la salud de los ciudadanos, especialmente aquellos que sufren de condiciones respiratorias. Mientras, en las próximas semanas, Carrión se estará reuniendo con el especialista Jorge Bauzá, del Estuario de la Bahía de San Juan, para realizar pruebas e inspecciones en la llamada Laguna Secreta de Las Cucharrillas aledañas al sector.
De hecho, ciudadanos de Cataño, Bayamón y Guaynabo, pueblos circundantes con la Caribbena Petroleum Corporation, dijeron sentir la explosión “como un terremoto” tras oir un estruendo y luego comenzar a moverse objetos en sus residencias.
“Yo estaba durmiendo tranquilo. Oí un ruido fuerte y desperté. Entonces sentí las puertas moviéndose y pensé que se había metido un pillo y cogí una botella para darle un golpe. Entonces vi a todos los vecinos fuera”, dijo a Prensa Comunitaria Jorge Martínez, residente de la urbanización Bahía de Cataño, ubicada al lado del cementerio municipal.
La líder ambiental Rosa Hilda Ramos, Comunidad Unidas Contra la Contaminación de Cataño, destacó que en la comunidad Puente Blanco, que colinda con la petrolera, hay muchas familias pobres, ancianos y niños.
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